En los albores de 2007 ya, resulta muy muy lejano aquél apelativo de la “prensa del movimiento” que se les daba a periódicos y radios afines al régimen de Franco en la posguerra. Por aquél entonces, el generalísimo secuestraba rotativas para “reconducir” su línea editorial en favor de una España “grande, libre y católica” en la que sus ciudadanos sólo pensaran en una dirección. Sucedió en todos lados, también en Canarias, también con medios canarios: El Día no fue una excepción y parece que aún no ha recobrado la independencia que le vio nacer bajo el nombre de La Prensa y con ideogía republicana…
En Canarias no hace falta una Ley de Prensa estilo Fraga del 66: el yugo ya se lo ponen ellos solitos, las flechas las disparan cuando les apetece, el control de las rotativas lo ejercen desde arriba y la censura flota como una nube: periodistas y editores se la conocen al dedillo sin necesidad de que suene el teléfono rojo del que maneja los hilos.
Los periódicos regionales de Canarias responden a intereses empresariales de accionistas que en muchas ocasiones son personas públicas con intereses económicos en muchos de los proyectos irregulares que suceden en las Islas y que, como es obvio, no tienen muchas ganas de tirarse piedras sobre el propio tejado. Esto es normal en cualquier sociedad de consumo desarrollada, por mucho que nos pese a los útopicos que creemos (o creíamos) en la libertad de prensa. Normal, habitual y hasta tolerable: en la conciencia de cada lector y en su libertad de elección radica lo que quiere leer y creerse.
Luego están los “afines al movimiento”. A un “movimiento” nuevo, el régimen deCoalición Canaria, que coloca el eslogan del “conmigo o contra mí” a todo el que dude de sus labores políticas y que sospeche, fundadamente, de su honradez como partido y de la de sus políticos. Aquellos que ya no sólo pisotean la libertad de prensa, sino que ningunean los preceptos básicos del periodismo de rigor, de servicio público, de información veraz y aséptica.
A la cabeza se sitúa El Día, que siembra sin rubor en la huerta del Pleito Insular al servicio de ATI, en un esperpéntico intento de defender lo indefendible, al servicio de un nacionalismo canario retrógrado, apolillado y falto de cultura, que se escuda en la supuesta defensa del patriotismo de las siete estrellas cuando su único objetivo es repartir lo que es de todos entre unos pocos o salvar el culo (hablando pronto y mal) de los que se ven salpicados por los casi diarios escándalos políticos de la región.
Y para muestra, un botón. ¿Que aparece un muerto bajo en la alfombra en Telde? Removamos su mierda, que es del PP; escandalicémonos, démosle caña al mono. Soria y sus ideas “españolas” y “canarionas” tienen que caer; pero por el contrario, si a quien la mierda le llega hasta el cuello es a Zerolo, el tótem de la tribu, hay que proteger su honor. Cuando saltó a la palestra el penúltimo escándalo de Zerolo y Trenor, y mientras todos los periódicos se hacían eco en portada de las acusaciones de Garzón, “la prensa del movimiento” abría con un vergonzoso “Zerolo reivindica su honradez”.
Por no hablar de las joyas que se publican en editoriales como el de hoy: “Vedfamebeliemos que se aproxima una dictadura, que además será vengativa; el pueblo de Santa Cruz y el de la Isla entera lo sabe y por eso está atemorizado y tendrá mucho cuidado con lo que va a votar en mayo de 2007. Porque quienes manden a partir de esa fecha serán quienes les cobren unos impuestos que pueden emplearse para engrandecer más a Las Palmas”. O los de los domingos, donde a los “chichas” se nos alecciona a ser buenos tinerfeños temerosos de dios y del demonio canarión que quiere usurpar los beneficios de Tenerife para cederlos a Gran Canaria, isla que, además, no merece llamarse “Gran”. Cuidado que viene el coco y es canarión… No te jode.
Afinen sus orejas que llegan las elecciones y hasta gente no hay que dejarle pasar ni una. No se trata de cerrarles el chiringuito, sólo faltaría. Sólo de subrayar que no queremos esa prensa, ese enfrentamiento, ese odio, esa sensación de Guerra Fría absurda entre Islas y que nos mamen absolutamente todo. Un poco de respeto por todos los canarios que piensan, por favor.
Fueron el gerente de Promoción Internacional de la Autoridad Portuaria de Las Palmas, Francisco Cabrera, y el empresario y ex director comercial de Siemenca SL, Alberto Santana, los primeros que pusieron la voz de alarma denunciando ante los tribunales tráfico de influencias y de información privilegiada en torno al concurso que debÃa elegir quien se llevarÃa el ‘caramelito’ relleno de dinero que supone el negocio de la energÃa eólica.
Al parecer, el meollo de la cuestión está en la empresa que regenta Wilebaldo Luis, que para darle más celeridad al reportaje, a partir de ahora le llamaremos con el apelativo cariñoso de Willi. Willi era el responsable de una empresa (Gesco) que, según el empleado que lo denunció, era una tapadera para poder dedicarse al fraude fiscal, a la recepción de subvenciones públicas, a la emisión de facturas a la Cámara de Comercio y "a corromper a los cargos polÃticos y funcionarios públicos persiguiendo un único objetivo: el lucro personal de unos pocos mediante el fraude y la corrupción en contra de los intereses de nuestra sociedad". El pobre hombre, claro está, lo negó todo y se echó a llorar, literalmente, cuando vio sus fotos en la prensa.
Según publicó Canarias 7 el pasado domingo 29 de enero, además de las personas nombradas existen otras diez que podrÃan estar implicadas en este tráfico de información privilegiada y ruego de favores públicos. Al parecer, la policÃa cuenta con e-mails y escuchas telefónicas bastante comprometedoras en este sentido, asà como el rastreo de unas posibles comisiones por la recepción de estas informaciones y favores que se gestarÃa presumiblemente en cuentas en Luxemburgo, que como es chiquitito, parece que allà nunca te cogen.
Mucho nos tememos que, dada la fama de bananera (aparte, claro está, de nuestros sabrosos plátanos) que tiene esta república canaria, todo quedará en alguna que otra detención y/o dimisión de algún chivo expiatorio, mientras que quedará, como siempre, flotando en el viento, la más que notoria impunidad del delito que apesta nuestro aire. Y eso no hay molino de viento que lo difumine.
Deberia haber una catalogación en el nuevo Código Penal, que por otra parte, no deberÃa existir, para los chorras múltiples, y de esa manera, condenar al ostracismo a los papafritas que como el director de un periódico tinerfeño al que no quiero ni nombrar se dedican a decir chorradas con la única intención de ser más chorra de lo que ya lo es.
De verdad, me parece hasta una chorrada que haya que escribir sobre otra chorrada que dice otro chorra, porque al final le estamos haciendo el juego al hablar de tonterÃas que no valen la pena.A mà me parece que en el mundo en el que vivimos, y al que por cierto, va camino de quedarle poco de existencia, no hay que estar hablando ni escribiendo de gilipolladas de cómo se llama o no un paÃs, una capital, una provincia, un municipio o una isla.
Si no pasamos a la acción y seguimos hablando y hablando sin parar sobre tonterÃas, llegará un momento en el que cada vez se hará más realidad aquel libro de Huxley sobre el mundo del futuro, un mundo en el que ni siquiera hablaremos, sino que sólo pediremos el ‘soma’ como alimento para convertirnos del todo en instrumentos de la cadena de producción mundial y consumista que es hoy este planeta.
Lo siento por los que esperaban que en este artÃculo me dedicase a responder al chorra del periódico tinerfeño con argumentos más o menos válidos, que los hay, pero creo que no vale la pena, y por eso, desde mi ordenador me limito a escribir lo que pienso, y es que si no hacemos algo todos juntos, que por lo menos cada uno y cada una haga lo que crea necesario y conveniente para conseguir que este mundo multicultural deje atrás los estereotipos de los nombres y de los calificativos y adjetivos porque lo que es trascendental ahora es que los pocos y la minorÃa que creemos necesario apostar por un giro radical en este putrefacto sistema de vida lo hagamos de verdad y con todas nuestras ganas.
Cuando creÃamos que todas las novedades que encontrarÃamos estas navidades en las tiendas de discos pasarÃan por la ya manida ola de triunfomanÃa, en el mejor de los casos, o por la infumable e inacabable moda del reggaeton, en el peor. Cuando ya los que oÃmos otro tipo de música, estábamos resignados a escuchar casi siempre música del pasado, esa que es difÃcil de encontrar en la estanterÃa más recóndita de la tienda de discos (la principal esta copada por discos de Daddy Yankee o lo nuevo de Bustamante).
Es entonces cuando aparece, y de casualidad llega a tus manos, (gracias Paoolsss) un disco editado en el 2005 por un grupo del que desconocemos hasta su nacionalidad, pero que algo nos dice que nos vamos a preocupar en averiguarlo en cuanto suenan los primeros acordes del CD.
Los valientes en cuestión se hacen llamar Little Barrie, y estaban tan seguros de que su primer álbum iba a gustar a los nostálgicos del rock setentero que decidieron ponerle como titulo: We are Little Barrie, como si estuvieran testando el mercado, advirtiendo algo asà como: “eh, lo que estas oyendo, somos nosotros, somos Little Barrie”.
En su disco debut, estos tres elementos se bastan por si solos para reflotar con guitarra, bajo, baterÃa y una voz perfectamente distorsionada, un estilo musical que es muy difÃcil de imitar sin caer en las similitudes de este o aquel grupo predecesor. Y no solo lo consiguen sino que además logran crear un sonido propio, que aunque a mi juicio tenga reminiscencias de Rolling Stones, Beatles y algún que otro toque de la era grunge, merecen el mayor de los respetos y el mayor de los reconocimientos. Un sonido que seguro identificará al grupo en discos venideros, algo parecido a lo que le ocurre a U2 y el caracterÃstico sonido de la guitarra de The Edge. Hay varias perlas dentro de este primer álbum de Little Barrie, todas ellas de corta duración (nunca superior a 5 minutos) que van desde el primer track hasta los que componen el meridiano del Cd, la cuarta, sexta, etc. Posiblemente la mejor del disco sea la canción número 8, todo un homenaje al blues rock que aprovecha los descansos de las voces para mecerte a golpes de un bajo perfectamente minimalista.
Si has sentido sudoración, el ritmo cardiaco acelerado, la respiración más entrecortada y te enredas en un juego de miradas huidizas y fijas con otra persona, no te preocupes, no te pasa nada raro: te has enamorado chaval. Además, este estado catatónico se te pasará entre los seis primeros meses y los dos años de convivencia, porque, como explica el psicólogo y sexólogo Julián Fernández de Quero: “cuanto más tiempo pasa una persona junto a otra, más rápido se pasa el enamoramiento”.
Pero no queremos con esto enterrar el sentimiento humano por excelencia. El amor, pese a todo, existe como ideal alejado de la lucha por la supervivencia. De hecho, el amor entra de lleno en lo que hace hombres a los hombres: la cultura. Según De Quero, no es más que “un deseo de vinculación” con otra persona sin necesidad de estar enamorado, y esto, claramente, por ser lo más complicado y difÃcil, de sublimarse se convierte en el sentimiento más pleno que una persona pueda alcanzar. Si alguien lo ha logrado, por favor, dirÃjase a la dirección de la página y explÃquenos cómo. Se lo agradeceremos eternamente.
Sin duda, el matrimonio tal y como está concebido hoy en dÃa, parece estar en crisis, según De Quero, y suele dar más dolores de cabeza que satisfacciones. Pero es que el amor ha sido definido por algunos estudiosos como una droga, tal como explicó el sexólogo, quien afirmó que se han comprobado estados de ‘mono’, o ‘picos de satisfacción’ y ‘bajones’ cuando uno sufre ese mal universal. Sin embargo, la droga no te deja si tú no quieres, y las mujeres sÃ. De hecho, te dejan precisamente cuando tú no quieres. Conclusión: la peor droga de todas es la mujer.
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