por Brass
Cuando creíamos que todas las novedades que encontraríamos estas navidades en las tiendas de discos pasarían por la ya manida ola de triunfomanía, en el mejor de los casos, o por la infumable e inacabable moda del reggaeton, en el peor. Cuando ya los que oímos otro tipo de música, estábamos resignados a escuchar casi siempre música del pasado, esa que es difícil de encontrar en la estantería más recóndita de la tienda de discos (la principal esta copada por discos de Daddy Yankee o lo nuevo de Bustamante).
Es entonces cuando aparece, y de casualidad llega a tus manos, (gracias Paoolsss) un disco editado en el 2005 por un grupo del que desconocemos hasta su nacionalidad, pero que algo nos dice que nos vamos a preocupar en averiguarlo en cuanto suenan los primeros acordes del CD.
Los valientes en cuestión se hacen llamar Little Barrie, y estaban tan seguros de que su primer álbum iba a gustar a los nostálgicos del rock setentero que decidieron ponerle como titulo: We are Little Barrie, como si estuvieran testando el mercado, advirtiendo algo así como: “eh, lo que estas oyendo, somos nosotros, somos Little Barrie”.
En su disco debut, estos tres elementos se bastan por si solos para reflotar con guitarra, bajo, batería y una voz perfectamente distorsionada, un estilo musical que es muy difícil de imitar sin caer en las similitudes de este o aquel grupo predecesor. Y no solo lo consiguen sino que además logran crear un sonido propio, que aunque a mi juicio tenga reminiscencias de Rolling Stones, Beatles y algún que otro toque de la era grunge, merecen el mayor de los respetos y el mayor de los reconocimientos. Un sonido que seguro identificará al grupo en discos venideros, algo parecido a lo que le ocurre a U2 y el característico sonido de la guitarra de The Edge. Hay varias perlas dentro de este primer álbum de Little Barrie, todas ellas de corta duración (nunca superior a 5 minutos) que van desde el primer track hasta los que componen el meridiano del Cd, la cuarta, sexta, etc. Posiblemente la mejor del disco sea la canción número 8, todo un homenaje al blues rock que aprovecha los descansos de las voces para mecerte a golpes de un bajo perfectamente minimalista.
No seguiré destripando el disco para que aquellos que animados por este artículo (uno sería un éxito) decidan poner en el buscador de su emule las palabras Little Barrie y será entonces cuando entiendan a este flipado que con tanta insistencia les recomienda lo que posiblemente sea el mejor disco editado en este 2005 en el ocaso.

por Qk
Pero las Islas no dejan de ser un punto más de paso de su frenética labor al frente de Macaco y de los múltiples trabajos de productor y cantante de sesión que realiza. "Estamos de gira hasta octubre, vamos a estar en México, en Brasil, en Japón, por toda Europa, festivales…", aunque no contento con eso, "entre tanto estoy produciendo a un tío italiano (Paolo) que mezcla rap italiano y español con una música muy felliniana, muy interesante".
En cuanto al ocio, que también lo hay y mucho en la vida de Dani Carbonell, sigue siendo tan inquieto musicalmente como lo ha sido siempre, ya que, asegura, "hay buena música en todas partes y es necesario escuchar siempre nuevas cosas para no quedarte anclado". "En mis ratos libres puedo escuchar desde clásicos como Los Abuelos, Rubén Blades, Bob Marley, Camarón…, hasta cosas nuevas de hip hop, funk, música africana, clásica…". 